El día que hice la estampa caletera nocturna había una luna llena preciosa acompañándonos por el campo del sur. Así que en los bancos encontré un escenario estupendo para experimentar con la luz y recrear la soledad y la tranquilidad de la noche.
Una colaboración literaria:
La deseaba.
Por encima de todo.
La luz pálida que irradiaba, su esencia misteriosa, las historias que sugería y no contaba.
Era un anhelo voraz, casi enfermizo. Pero ella estaba tan lejos…
Podía, no obstante, sentir su poder de atracción, cómo su llamada la absorbía. Por un momento, sintió que podía alcanzarla, rodearla, olerla… ¡ser como ella!
Pero no había sido más que una quimera. Un sueño evanescente. La ilusión de un ser solitario.
Al final, la mujer se levantó, el viento besando su rostro, los tacones resonando en la silenciosa noche, y dejó sola a la luna, que intentaba vanamente quedarse enredada en los pliegues de su vestido.
Chuss Chulián.

Campo del Sur, Cádiz , ES.
[olympus EP2; VOITGLANDER NOKTON 25mm f/0.95]
Fotos "de andar por casa". FOTOGRAFIA AMATEUR PARA COMPARTIR, APRENDER.....y también para reflexionar. Últimamente evito añadir comentarios pues necesito conseguir que las fotografías hablen por mí: si te dicen algo deja un comentario.
CONSEJOS
CONSEJOS PARA UNA VISITA RELAJADA:
*Si te entretiene la música, pincha el reproductor (si tiene publicidad sube el volumen cuando ésta termine).
*Lee el blog mirando las fotos, he puesto tamaños medianos para que no sea necesario pincharlas.
*Si quieres ver alguna con detalle, pínchala con la rueda central del ratón o con Ctrl+clik para que se abran en otra pantalla, y así no te saldrás del sitio.
lunes, 18 de julio de 2011
La mujer que miraba la luna
Etiquetas:
ESPACIO COMPARTIDO,
foto nocturna,
urbana
| Reacciones: |
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



2 comentarios:
La deseaba.
Por encima de todo.
La luz pálida que irradiaba, su esencia misteriosa, las historias que sugería y no contaba.
Era un anhelo voraz, casi enfermizo. Pero ella estaba tan lejos…
Podía, no obstante, sentir su poder de atracción, cómo su llamada la absorbía. Por un momento, sintió que podía alcanzarla, rodearla, olerla… ¡ser como ella!
Pero no había sido más que una quimera. Un sueño evanescente. La ilusión de un ser solitario.
Al final, la mujer se levantó, el viento besando su rostro, los tacones resonando en la silenciosa noche, y dejó sola a la luna, que intentaba vanamente quedarse enredada en los pliegues de su vestido.
Chuss Chulián.
:** Para Guillermo.
La imagen va muy bien al texto o viceversa. Un excelente trabajo.
Un abrazo.
Publicar un comentario en la entrada